El oficio en el borde del currículum » El recreo
- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones
| Chicos jugando y cantando en ronda durante el recreo. |
Espacios chicos, espacios grandes, actividades recreativas dirigidas, deportes espontáneos, rondas infantiles, controlar el baño, evitar accidentes: cientos de imágenes de uno y otro tipo se suceden cada vez que pensamos en el recreo. El recreo se constituye en ese espacio en el que se suspenden las actividades y, las y los alumnos disponen de un tiempo libre.
Nos preguntamos acerca del lugar, del tiempo, de sus límites, de sus condiciones. En definitiva de su valor y sentido. En este nuevo capítulo que abrimos hoy intentaremos dar cuenta, brevemente, de este difícil entramado. Para ello, lo abordaremos desde dimensiones diferentes. Intentaremos que las dimensiones elegidas nos permitan recuperar la complejidad del análisis con el objeto de pensar de manera enriquecida nuevos abordajes para su análisis
Las instituciones y los espacios
Son diversos los estudios que dan cuenta, en diferentes latitudes, que el espacio diseñado para el juego se reduce cada vez más. Nos referimos tanto al espacio físico como a los momentos para actividades libres. El valor del terreno, las exigencias académicas que ocupan el tiempo para el desarrollo de nuevas tareas y el temor a los accidentes confluyen para acotarlos. Los patios de las escuelas, en más de una oportunidad, son lugares en los que los niños pueden tener dificultades para desplazarse, si lo hacen corriendo, o en los que se encuentran más escollos de los necesarios en tanto se constituyen en lugares de depósito o almacenamiento de aquello que no se puede tirar o que nadie se ha preguntado si es posible desechar. También se aduce que esos espacios son poco productivos y, más de una vez, los lugares en los que se provoca e instala la violencia. “Recreo o guerra” sostienen algunos docentes que se sienten incapacitados para prever situaciones conflictivas, para atemperarlas o solucionarlas.
Entendemos que es sustantivo diferenciar espacios. Por tratarse de un lugar escolar, todo el ámbito deberá recordarlo. No es un sitio de desecho ni en el que se tenga que tener un cuidado especial porque hay objetos de peligro para los niños. Es posible organizarlo de manera adecuada a las edades y necesidades. Seguramente, los espacios amplios, sin desniveles ni obstáculos suelen ser los recomendables, sin que esto signifique perder el sentido estético que debería guardar. Colores alegres en sus paredes o pinturas murales, pisos de rayuelas, porciones protegidas para los que quieren un rincón para conversar, aros para juegos de pelota o marcas en el piso pueden ser estimulantes para favorecer los diferentes juegos.
El patio de una escuela difícilmente pueda contener plantas o flores distribuidas al azar pues peligrarían diariamente. Tampoco escalones o desniveles porque incitarían a un uso inadecuado. Sin embargo, si posee grandes dimensiones podrá, seguramente, reservarse una zona para las plantas, flores, trabajos de jardinería o inclusive una huerta escolar. Es imprescindible que el espacio signifique un lugar de alegría y no de reclusión. En todos los casos, además, debería constituir una oportunidad adecuada para compartir actividades libres, conversar o saborear los caramelos que los chicos guardan en sus mochilas. Es por ello sustantivo pensar este espacio desde un lugar estético.
Las instituciones y los tiempos
Seguramente es una mala administración de ese espacio cuando los docentes insisten en que es el espacio para ir al baño o para comer. Si el juego es entretenido o divertido, es probable que los niños recuerden sus necesidades fisiológicas o de alimentación cuando el juego terminó. Es importante, entonces, proveer esos espacios y no proponer estas actividades en los espacios de juego.
También resulta equívoco considerar que el tiempo del recreo se puede usar alternando a los docentes, para que unos descansen y otros supervisen las tareas del patio. Algunas instituciones proyectan encuentros entre los maestros, con las mejores intenciones, en esos espacios. Creemos que el tiempo del juego del alumno constituye en el maestro el tiempo de la supervisión, de la ayuda, de la mirada adulta para favorecer mejores propuestas compartidas.
Es importante reconocer que los juegos se diferencian en las diferentes edades y que, los adolescentes, difícilmente vean con agrado compartir estos lugares con los niños. Es por ello que los tiempos y los requerimientos de los espacios por parte de los más chicos, los de las edades intermedias y los adolescentes deben ser diferentes.
El recreo y la mirada del maestro
El recreo ofrece un ámbito en el que los niños construyen abierta, espontánea y libremente reglas de juego. Suele ser un lugar en el que pueden vincularse con libertad, alternar con niños de otros grados, compartir actividades. En síntesis, descansar, jugar, diseñar y proponer sus propias reglas. Pero el recreo se sucede en el ámbito escolar y, por lo tanto, debiera adoptar las reglas propias de ese ámbito. Si como padres sostenemos que “en casa eso no se hace”, entendemos que en la escuela el juego libre se construye como un espacio educativo, por la simple razón de estar inscripto en un contexto escolarizado. ¿Acaso puede, un sitio que se configura en la escuela, no ser educativo?
En segundo lugar, los maestros entienden que este es un espacio excepcional en tanto sus intervenciones son debidas a las actuaciones espontáneas de los niños y, por lo tanto, las suyas también lo son. En esas interacciones espontáneas se podrán reconocer las dificultades de los niños y las niñas para conformar grupos, integrarse en alguna actividad, liderarla o simplemente conversar con otra u otro niño sin que sea una tarea indicada por el o la docente. El conocer las dificultades permite actuar para resolverlas o intervenir para hacer alguna propuesta que logre resolver el conflicto.
En algunas oportunidades quedarse sin recreo es la manera de sancionar dificultades, errores o problemas en el salón de clase. La pérdida del recreo se transforma en el castigo o el modo con el que se pretende lograr una mejor conducta o actuación. Lamentablemente, este tipo de sanción no suele mejorar la conducta o los aprendizajes de los niños sino que, por el contrario, éstos las reciben como castigo inmerecido.
En estos espacios de juego a los maestros les cabe el cuidado, la participación adulta para ayudar, la organización si encuentran grupos que tienen dificultad momentánea en la tarea o la provocación y el estímulo para diseñar actividades placenteras, de descanso, de entretenimiento, también solidarias y de ayuda.
Zonas grises y de difícil delimitación
Más de una vez se plantea la incorporación de estrategias lúdicas en la enseñanza como una actividad de singular valor. Es indudable que aprender de manera atractiva e interesada nos facilitaría despertar el interés inicial y mantenerlo durante todo el recorrido, preservar -en los casos en que fuera necesario- el sostenimiento de la atención prolongada, la constancia y el esfuerzo. Sin embargo, creer que todos los contenidos se pueden desarrollar mediante estas estrategias no preserva el valor de la elección de la más adecuada y relevante para el contenido del que se trata.
Por otra parte, el ambiente lúdico más de una vez es engañoso. Creemos que la introducción del juego en la enseñanza se efectiviza mediante la competencia. Por ejemplo, quien resuelve mejor, más rápido o sin ayuda, etc. Pueden ser propuestas que interesan a los estudiantes o dotan de un atractivo adicional a la tarea. Sin embargo, estas propuestas ensombrecen el valor del esfuerzo, la dificultad inherente a la apropiación, la consideración del esfuerzo para la resolución o, simplemente no se trata del mejor y más apropiado método para ese contenido. Por ello, sin desconocer el valor del juego entendemos que no es posible ni recomendable que todas las actividades de aprendizaje se delimiten a partir de estas estrategias.
Así como el juego no es la única ni la mejor estrategia para enseñar en la escuela primaria o media el espacio del juego en el recreo no puede ensombrecerse por promocionar actividades que nosotros entendemos como educativas para esas zonas y lugares. Respetar la libre elección de los estudiantes, siempre que sea posible y permitir que ellos asuman también el cuidado de los más pequeños. Comprometer a los estudiantes a cuidarse entre ellos, a proteger a los más débiles y promover un espacio en el que se asuman responsabilidades que los preserven como lugares de libre elección responsable. Niños cuidando niños puede transformarse en un lema educativo no tergiversador del ámbito del juego.
Más de una vez se plantea la incorporación de estrategias lúdicas en la enseñanza como una actividad de singular valor. Es indudable que aprender de manera atractiva e interesada nos facilitaría despertar el interés inicial y mantenerlo durante todo el recorrido, preservar -en los casos en que fuera necesario- el sostenimiento de la atención prolongada, la constancia y el esfuerzo. Sin embargo, creer que todos los contenidos se pueden desarrollar mediante estas estrategias no preserva el valor de la elección de la más adecuada y relevante para el contenido del que se trata.
Por otra parte, el ambiente lúdico más de una vez es engañoso. Creemos que la introducción del juego en la enseñanza se efectiviza mediante la competencia. Por ejemplo, quien resuelve mejor, más rápido o sin ayuda, etc. Pueden ser propuestas que interesan a los estudiantes o dotan de un atractivo adicional a la tarea. Sin embargo, estas propuestas ensombrecen el valor del esfuerzo, la dificultad inherente a la apropiación, la consideración del esfuerzo para la resolución o, simplemente no se trata del mejor y más apropiado método para ese contenido. Por ello, sin desconocer el valor del juego entendemos que no es posible ni recomendable que todas las actividades de aprendizaje se delimiten a partir de estas estrategias.
Así como el juego no es la única ni la mejor estrategia para enseñar en la escuela primaria o media el espacio del juego en el recreo no puede ensombrecerse por promocionar actividades que nosotros entendemos como educativas para esas zonas y lugares. Respetar la libre elección de los estudiantes, siempre que sea posible y permitir que ellos asuman también el cuidado de los más pequeños. Comprometer a los estudiantes a cuidarse entre ellos, a proteger a los más débiles y promover un espacio en el que se asuman responsabilidades que los preserven como lugares de libre elección responsable. Niños cuidando niños puede transformarse en un lema educativo no tergiversador del ámbito del juego.
Edith Litwin
- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones
Comentarios
Publicar un comentario